Fue
por mi primer año en la universidad que conocí a mucha gente interesante, aún
recuerdo el primer día cruzando por las enormes puertas rojas del recinto, con
los nervios de punta y el estómago revuelto, por primera vez en mucho tiempo
entraba a un lugar nuevo sin nadie a mi lado, cabe resaltar que cuando ingrese
a la secundaría muchos de mis compañeros de la niñez terminamos en el mismo
recinto y una situación parecida ocurrió para la preparatoria, así que hasta la
universidad había tenido rostros conocidos pero eso termino.
Durante
ese primer año me pasaron muchas cosas interesantes, aprendí no sólo de la
carrera sino de las personas, tenía una diversidad completamente diferente frente
a mis ojos y ciertamente fue difícil tratar de entenderla. En mi camino por aquella universidad tuve la
fortuna de convivir con varias personas especiales, amigos increíbles y completamente
diferentes a lo que había conocido hasta ese momento, los cuales me ayudaron a comprender todos esos nuevos
pensamientos, ideas y puntos de vista que venían en el paquete de los estudios
universitarios.
Sin
duda todos esos recuerdos y personas son valiosos para mí, pero hay una persona
que sin duda resalta del resto, hasta ahora no me había nacido contarle a nadie
sobre nuestra relación, sobre todo porque deje de verle repentinamente por mi
cambio de universidad, sin embargo el encontrarle precisamente el día de hoy en
el más inesperado de los escenarios me hizo querer hablar de este chico que es
sin duda un gran ejemplo y amigo para mí.
Su
nombre no me apetece decirlo, es de esas cosas que quieres guardarte para ti en
tu lado envidioso, lo que si diré de él es que es una persona “brillante” y no
me refiero al aspecto académico, sino más bien al personal.
Él
es un chico difícil de no notar, toda su persona es atrayente en el sentido que
es agradable y cálido, la manera que nos conocimos fue durante mi primer mes,
acababa de hacer amistad con una chica increíble de comunicaciones y solíamos almorzar
junto con otras amigas cuando nuestros horarios coincidían. Una vez en uno de
esos almuerzos ella llego junto con este chico y nos presentó a todas, desde
ese día era el único chico entre nosotras y a él no parecía molestarle.
Sus
apariciones eran errantes, en ocasiones estaba, en otras no, podían pasar días
en los que no le veíamos la pista y al siguiente aparecía con su sonrisa
despreocupada platicando con todas como si siempre hubiera estado ahí.
Hay que decir algo, no soy particularmente una
persona sociable abiertamente, me reservo mucho el hecho de entablar conversaciones
o entrar en un grupo, y algo que me sorprendió muchísimo por aquel tiempo es
que este chico a pesar de su alegría parecía tener esa misma preferencia.
La
primera vez que hablamos solos fue en uno de los cubículos de la biblioteca,
recuerdo que me gustaba ir ahí pues eran los lugares más apartados y tranquilos
del lugar, a veces ni siquiera sacaba un libro, me dedicaba a garabatear en el
cuaderno o escuchar música. Fue así que durante una de mis horas muertas en las
que me escabullí de mis compañeros para ir a tomar una pequeña siesta a los cubículos
que nos topamos, yo hojeaba una de las revistas de la biblioteca cuando él
llego y se sentó a mi lado. Sorprendentemente no fue incomodo, recuerdo que
comenzamos a hablar con la naturalidad de quienes se conocen desde el nacimiento,
y aun a pesar de no cursas la misma carrera podíamos intercambiar puntos de
vista de forma tan sencilla que me parecía divertido.
En
poco tiempo este chico se convirtió en una especie de meta a lograr, al verlo
miraba todas esas cosas que yo quería llegar a ser, descubrimos lo increíblemente parecidos que
somos al igual que nuestras grandes diferencias.
Ahora
cuando recuerdo aquellas platicas en esas butacas de la biblioteca no puedo
evitar sonreír y extrañas a esa persona.
Generalmente cuando ves que alguien tiene las cosas que tu deseas lo
primero que puede causarte es envidia o celos, pero en nuestro caso yo de
verdad le admiraba, de alguna manera quería ser reconocida por esta persona,
quería que se sintiera orgulloso de mi.
La
última vez que hablamos fue hace más de tres años, fue el único amigo del que
no me despedí en aquella universidad al cambiarme de carrera porque me sentía
demasiado avergonzada, cargaba con el sentimiento de que había fallado, que me había
rendido y que no podía verle a la cara a aquellas personas que me había alentado
con tantas fuerzas.
Gracias
a que mantengo comunicación con mis amigos de la institución me enteré de que esta persona se fue de intercambio
unos meses después de mi cambio, me sentía feliz por él y al mismo tiempo decepcionada,
esa meta de llegar a la par se volvió tan lejana e inalcanzable.
Y
como siempre la vida siguió, han pasado
casi tres años desde aquellos días y aun
con mi renuencia a aceptar aquella nueva carrera e institución que me parecía
tan ajena y extraña, estoy a unos mese de completar la carrera. Yo seguí
avanzando a pasos lentos y torpes, ya no sentía esa emoción o alegría por estudiar
o asistir a la universidad, esto termino
por convertirse en algo que debía hacer porque así debía de ser, tenía la idea
de que esto seguiría así hasta que por fin tuviera el papel en mano de mi termino
de carrera, pero como siempre a la vida le gusta dar sorpresas inesperadas,
sobre todo la de hoy.
Hoy
mientras caminaba con mi hermana por la calle de regreso a nuestra casa después
de comprar comida apareció un chico a gritado mi nombre entre las personas, lo
he visto y me he emocionado por verle, y
al mismo tiempo he sentido miedo, ese
temor de que no pude cumplir con aquella meta, con la tristeza de que no podría
decirle que me faltaba poco para terminar la carrera que elegí , pero aun así
con una inmensa felicidad de ver que a pesar de los tres años que no nos vimos seguía
siendo ese mismo chico de personalidad brillante que me hablo con la
naturalidad de quien he visto apenas ayer.
No
tengo palabras para expresar lo mucho que ha significado esta tarde para mí, he
llorado de felicidad y de frustración casi al mismo tiempo, he reído con un
amigo como en mucho tiempo no lo hacía, y recibí las palabras que necesitaba
para intentar retomar ese sueño que creía perdido.
Mi
amigo, mi otro yo brillante, me ha dejado de nuevo, él se ha ido a estudiar más
lejos aún y posiblemente no volvamos a vernos en muchísimo tiempo más, nuestras
vidas han cambiado tanto pero lo esencial sigue en nosotros, el sigue resplandeciendo
y alumbrado a muchas personas incluida yo.
No sé
qué venga a la vida, pero a pesar de todas las cosas que pudieron no haber
salido como soñaba debo agradecer por esas personas completamente inesperadas
con las que me he topado, y sólo espero que algún día en el futuro cuando
volvamos a vernos pueda ver a mi querido amigo a los ojos y sonreír con
suficiencia diciendo que por fin he logrado lo que quería.
“Porque
no importa cuando cambiemos, o cuan mal nos vaya en la vida, tengo toda la intención
de volver a mirarte en el futuro, así que por favor no te rindas”
